Personal

Un viaje gastronómico por Italia

En marzo de este año, nos fuimos a pasear por Italia con #Marido. La única condición del viaje, fue que sea 100% gastronómico.

Se viene un post largo, lleno de fotos, videos, tips, links y recomendaciones. Es para leer con un cafecito, algo rico y con tiempo para cerrar los ojos y viajar con nosotros.

Como habrán visto hace unos meses en mi Instagram, a fines de Marzo nos fuimos a Italia. #Marido es de familia tana, fanático del país y del idioma (estudió 4 años en la Dante).

Así como el sueño de toda mi vida era vivir en NY, el sueño de él es vivir en Italia. A mi ya me tocó, será su turno en algún momento? Quién sabe…

Arrancamos nuestro viaje unos días en Londres donde vive el hermano de #Marido. Nos acostumbramos como pudimos al nuevo horario (7hs de diferencia es mucho!!) y disfrutamos a full de un fin de semana en familia.

Seguimos viaje para Italia, para hacer nuestro viaje de norte a sur.

Primera parada: Milán. Todavía con un poco de jet lag y cansados por un vuelo ultra temprano, no pudimos disfrutar mucho de esta ciudad. Comimos pizza con burrata y probé el risotto milanés. No sé si es que el lugar donde comimos no estaba bueno, o si el risotto milanés es aburrido, pero no me pareció nada del otro mundo la verdad.

Somos muy fans de las vistas desde las alturas, así que por supuesto, subimos al Duomo. Pero lo mejor fue terminar nuestro día en la terraza Aperol, tomando unos traguitos, con vista a la plaza y también al Duomo.

Nos fuimos en tren a Bologna. Esta ciudad a la que nadie le da ni 5 pesos nos sorprendió muchísimo. El centro es chiquito, muy lindo, aunque quizás no tan turístico comparado con otras ciudades italianas. Paseamos por unas callecitas que tienen bares, restaurantes, fiambrerías, taaan lindas y todo tan tentador. La comida es espectacular. Elegí Bologna porque sabía que en este punto no nos ibamos a equivocar. Comimos quesitos, salame, jamóooon (de parma, obvio) y mortadella (que es EL fiambre de Bologna). No soy fan de este último, pero mamita que rico estaba!!!

Un clásico de Bologna son los tortellini in brodo, el lugar en donde comimos a la noche no los tenía, así que me quedé con las ganas. Pero probé unos tortellini de ricotta con salsa de pesto de tomates secos y avellanas que no me lo voy a olvidar más. Intenté hacer algo parecido en casa y quedaron muy ricos, aunque claramente no se puede competir, no?

Tortellini de ricotta con salsa de tomates secos

Esa noche empecé a sacarle fotos a los menús de los lugares a los que ibamos a comer, para no olvidarme de lo que había probado y también para sacar ideas más adelante.

Un dato de color: Bologna es EL lugar del gelato. De hecho ahí se encuentra la “Universidad del Gelato”, sí un lugar para estudiar cómo hacer helado. #Marido estaba como loco buscando una buena gelateria. La encontramos y, aunque no soy fan del helado (#ListoLoDije), debo confesar que este era de otro mundo. Probé un poco del chocolate, súper cremoso y con un graaan sabor a chocolate.

Al día siguiente arrancó la aventura automovilística. Alquilamos un Fiat 500 XL y nos fuimos para Siena en donde hicimos base por 4 noches para poder pasear por la Toscana.

Los paisajes son de película, las ciudades históricas inolvidables. Aunque confieso que después de visitar un par, todas se empiezan a parecer y se mezclan los lugares en la cabeza. Pero lo volvería a hacer una y mil veces más.

Visitamos: San Gimignano, Castellina in Chianti, Colle di Val d’Elsa, Montepulciano y Pienza. Todos pueblitos chiquitos, elevados, con vistas a las montañas espectacularmente verdes de la Toscana. Todas con sus centros históricos, sus callecitas angostas de piedra, silenciosas y tan lindas. 

(Al final del post les dejo los videos con los instagram stories que fui haciendo por todos los pueblitos!)

Comimos de todo en estos días. La Toscana es una zona de trufas, y dependiendo la época del año hay distintos tipos. En Siena una noche fuimos a comer a La Taverna di San Giuseppe. Ahí probé unos “Gnochetti di ricotta alla fonduta di pecorino di Pienza e tartufo fresco”, en criollo: unos espectaculares ñoquis de ricotta con salsa de pecorino de Pienza (uno de los pueblitos de la zona) y trufa fresca que rallaban cuando te traían el plato a la mesa. El sabor y el aroma de la trufa se sentía en todo el restaurant.

También probamos un “Brasato al Brunello di Montalcino e sformatino di patate”, carne braseada en Brunello de Montalcino (vino tinto de otro pueblito) con un soufflé de papas que además tenía una crema de gorgonzola riquísima. La carne se cortaba con cuchara, un espectáculo.

El mejor plan que hicimos en esos días fue tomar una clase de cocina en un agriturismo en el medio de la nada. Yo había estado buscando algo así antes de viajar, pero no había encontrado nada y la tarde anterior nos pusimos a llamar a las granjitas a ver si tenían algo disponible. De casualidad caímos en Podere Cunina.

Silvana y Marcello nos recibieron muy cariñosamente y con un prosecco a las 9.30am. Yo sólo seguía instrucciones… si los dueños de casa dicen que hay que tomar, levantemos las copas juntos, no?

Marcello, en una mezcla de inglés e italiano, nos enseñó a hacer: tartitas de verduras, strozzapreti (como llaman a los malfatti en Florencia) de espinaca y ricotta, conejo al azafrán y tiramisú.

#Marido se lució con el tiramisú, le pareció divertidísimo. Tanto que cuando volvimos a México me ayudó a preparar uno!

Cuando terminamos de cocinar nos sentamos a comer con la familia de los dueños, que justo estaba de visita. #Marido en su salsa hablando en italiano, con la sonrisa dibujada de oreja a oreja. Y yo con mi propia sonrisa habiendo cocinado y aprendido un montón de cosas nuevas, tratando de hablar con señas entre español e inglés con la ayuda de mi traductor personal :P.

Una de las experiencias más lindas de este viaje. Un día distinto, sacado de la galera a último momento. Un plan no planeado, perfecto.

Seguimos hacia el sur. Dejamos el auto y nos subimos al tren. No voy a mentirles, llegar a Napoli después de haber estado en ese paraíso montañoso que es la Toscana, no fue fácil.

Decidimos parar en Napoli porque nos parecía un buen punto intermedio para visitar la costa Amalfitana y Capri. Moverse desde ahí era mucho más fácil. Planeábamos también pasear un poco por la ciudad, pero lo poco que vimos ese primer día fue suficiente. Napoli es una ciudad fea (esta es mi opinión, podemos diferir), demasiado sucia para mi gusto, las paredes mugrosas llenas de grafitis. El ambiente para nada lindo. Tendríamos que haberle dado otra oportunidad? Quizás sí, pero no teníamos tanto tiempo como para ver que onda.

Sí puedo decirles que de casualidad encontramos un gran restaurant (Europeo di Mattozzi) que nos sorprendió muchísimo. Comí una pizza bianca con verduras que era un espectáculo, era un plato que no estaba en el menú y que nos recomendó quien asumo sería la dueña del lugar.

El día que fuimos a la costa Amalfitana fue el más feo de todas las vacaciones. Las nubes y el frío nos venían persiguiendo desde Londres y cuando nos bajamos del colectivo en Positano, la amenaza constante de lluvia finalmente se convirtió en realidad. Nos refugiamos en un restaurant, comimos pizza, rica, pero nada del otro mundo y cuando la lluvia paró, seguimos viaje.

Todos estos pueblitos están sobre el Mediterráneo, ubicados sobre la montaña, de ahí las clásicas fotos de las casitas de colores mirando al mar en escalerita. En Ravello, muertos de frío, nos sentamos a tomar un café y comí un “Pasticcio al limone”, que era como una tortita rellena con una especie de crema de limón parecida al lemon pie, pero de otro mundo. Ni muy dulce ni muy ácida, y un envoltorio mantecoso y medio húmedo.

La costa Amalfitana es la tierra de los limones, y así como tienen las casas construidas sobre la montaña, también tienen arbolitos de limones sobre terrazas escalonadas. Había tantos limoneros! Quería robarme todos los limones gigantes y tan perfectamente amarillos… Ahora sentada en mi cocina, mientras escribo esto, me acuerdo de los limoneros y de la tortita de limón, y lloro pensando en esa ricura.

También paseamos por Capri, el tiempo por suerte ese día nos acompañó. No pudimos ver la gruta azul, pero fuimos en un barquito privado a dar una vuelta por el Mediterráneo color verde celostoso de sueños.

En Capri todo estaba cerrado… la temporada empezaba la semana siguiente, y estaban todos laburando para eso. Así que comimos donde pudimos.

Una de las cosas que más extraño de Buenos Aires son los sanguchitos de miga y los tostados. En Italia son bastante comunes (me pregunto si los heredamos de ellos?) y cuando vimos que en el cafecito donde paramos a comer, había tostado, nos lanzamos encima. No sé si era la falta de sanguchitos de miga o el aire del Mediterráneo, pero ese fue el tostado más rico que comí en mi vida!

Mientras esperábamos el barco que nos llevaría de vuelta a Napoli, nos pedimos una crema gelato al limoncello (Capri es EL lugar para comprar esta bebida). Estaba rico el heladito, pero no pude comer más de la mitad.

Para darle un cierre a nuestro paseo por Italia, nos fuimos a Roma por un día y medio. Debo confesar que cuando fuimos hace 2 años, Roma no me pareció nada del otro mundo. Pero esta vez la vi con otros ojos y la “pucha” que linda ciudad!

Como ya habíamos visitado el Coliseo, la Capilla Sixtina y los lugares clásicos, nos tomamos este tiempo en Roma para caminarla a morir. Fuimos a todos lados. Comimos una picada en La Salumeria y #Marido se tomó un heladito en una gelatteria que encontramos por ahí. A la noche comimos en un lugar cerca del hotel, que quedaba por Piazza Navona. Error de turistas cansados. Nos atendieron muy bien, pero la comida era para olvidar. Y bue… no todo podía ser perfecto, no?

El último día en Roma fue otro para el recuerdo. Contratamos un “food tour” por Trastevere.

Hace tiempo que sigo en Instagram a Elizabeth Minchilli (@eminchilli), una escritora americana que vive hace 30 años en Italia, que además de tener sus libros y blog de cocina, se dedica junto a su hija Sophie (@sminichilli), a hacer tours gastronómicos por Roma y otras ciudades. Pueden encontrar toda la info sobre los tours en la página de Elizabeth acá o en la de Sophie acá

Nos encontramos con Sophie en Campo De’ Fiori y nos fuimos caminando para Trastevere. Probamos cosas riquísimas en el camino y conocimos lugarcitos escondidos, casi históricos, que vendían joyitas de la gastronomía italiana.

Arrancamos con un espresso en un bar de barrio, seguimos con una pizza bianca con papas y romero (se me hace agua la boca de sólo acordarme), probamos una pizzetta rossa (una especie de masa mantecosa con salsa de tomate bien intensa, delicia). Conocimos los suppli: croquetas de arroz con salsa de tomate, ragú y mozzarella en el centro. Pasamos por uno de los pocos mercados al aire libre que quedan en Roma y comimos parmigiano reggiano, pecorino (típico de Roma) y un prosciutto de Norcia espectacular, acompañado por dos copitas de vino, of course. Terminamos tomando un gelato en una heladería clásica. #Marido pidió un helado de arroz que tenía pedacitos de arroz cocido y congelado que eran como crocantes, raro pero riquísimo. Y obvio también hubo una bochita de sambayón, porque el pibe es adicto a ese gusto del demonio.

Finalmente volvimos a Londres para despedirnos de la familia y de vuelta a casa en México.

Y así terminó nuestro viaje gastronómico por Italia, lleno de recuerdos de comida rica, lugares increíbles y experiencias inolvidables.

Ojalá podamos volver pronto, y quién les dice, en algún futuro no muy lejanos volver para quedarnos y ser felices comiendo perdices, bueno no… ser felices comiendo pasta! 🙂


Acá todos los videos que hice para mis stories de Instagram!

Bologna

Clase de cocina en La Toscana

Un poquito de Siena

San Gimignano – Castellina in Chianti – Colle Di Val D’Elsa

Montepulciano y otro poquito de Siena

Positano, Ravello y Napoli

Capri

Roma

Tour gastronómico por Trastevere con Sophie Minchilli